Nocturno fugaz



Primera parte

Veamos, para contar una historia se requiere de una trama profunda y delirante. Un hombre conoce a una mujer. ¿Será suficientemente delirante? Sí, nada más delirante que el adentrarse en un corazón ajeno. Pero aún no hay conflicto. El hombre y la mujer se conocen. Se comparten. Ella le enseña su magia mientras él le muestra sus sueños. Ahora se aman. Se aman tan profunda e intensamente que empiezan a morir. Ya hay una trama. Recapitulemos: está él, y está ella. Entonces están él y ella viviendo en un departamento de Mixcoac. Día con día él acude al Parque Hundido para escribir. Mientras ella teje sueños que regalará. Ella enciende un cigarrillo desde el balcón, y mira atentamente hacia la ciudad que la hechiza. Lee a Baudelaire. O al menos intenta hacerlo. Él se desgasta escribiendo su poema beca. El poema con el que saltará a la fama. Todos los días se detiene frente a la estatua del insurgente, y lee el primer relato de Meth Z. Cómo le gustaría ser Pegaso Zorokin siendo un vaquero, que a su vez es la historia del propio Pegaso, que al final es el relato de un mago. Cada domingo él y ella van a la librería. Roban libros y orinan sobre casetas telefónicas. Están tan locos de amor que cualquiera diría que se odian. Se burlan de los escritores jóvenes. Le rezan a Rimbaud. Van a marchas en el zócalo y después comen en el Sanborns. Compran piratería de cine de arte. Bailan ska en la facultad de Filosofía y Letras y acuden a sus mitings. ¿Qué más puede ocurrir en esta historia?

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Mi nombre es Sebastián Barriga González. Algunas veces soy Ananías Panaj, otras, el señor Bargasebia. Por las noches, me gusta pensarme com...